Hay eventos de autos clásicos donde lo importante son los vehículos. Hay otros donde lo más valioso termina siendo la experiencia. El Tin Lizzie pertenece claramente al segundo grupo.
Durante dos días, un grupo de apasionados recorrió caminos serranos de Córdoba arriba de históricos Ford Model T, enfrentando ripio, subidas, frío, sobrecalentamientos y esa incertidumbre permanente que forma parte de manejar un auto de más de cien años.

Teneme paciencia, tengo mas de 100 años
Pero justamente ahí parece estar el secreto. Porque nadie participa de una travesía así esperando comodidad. Lo hacen por algo mucho más difícil de explicar: la sensación de aventura.
El auto que cambió la historia
El Ford T, conocido mundialmente como “Tin Lizzie”, fue producido por la Ford Motor Company entre 1908 y 1927.

Fue el automóvil que literalmente puso al mundo sobre ruedas. Gracias a la producción en serie, millones de personas pudieron acceder por primera vez a un vehículo propio. Se fabricaron más de 15 millones de unidades y todavía hoy sigue siendo uno de los autos más influyentes de la historia.
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Arriba de un Ford T no hay absolutamente nada que hoy encontremos en un auto moderno.
Ni dirección asistida.
Ni frenos eficientes.
Ni suspensión precisa.
Ni arranque confiable garantizado.
Y eso es justamente lo que enamora a quienes siguen usándolos.
Viernes: rumbo al Camino del Cuadrado
La concentración comenzó temprano en el Hotel Quorum, camino al aeropuerto de Córdoba.
A las 8:30 de la mañana ya había Ford T acomodados en el estacionamiento junto a camionetas de apoyo y trailers. Algunos revisaban niveles de agua. Otros cargaban herramientas y repuestos.
Porque en estas travesías los repuestos son casi tan importantes como el combustible.

Entre las recomendaciones previas aparecía una lista tan extensa como lógica para cualquier usuario de Ford T: bujías, aceite, cable eléctrico, cinta aisladora, tornillos, silicona para juntas y lo que nunca puede faltar en un auto antiguo: “Y lo infaltable: ALAMBRE!!!”
A las 9 comenzó oficialmente la caravana rumbo a Río Ceballos. Tras dejar atrás el peaje, el grupo abandonó el asfalto y entró en un camino de tierra que bordeaba Las Corzuelas y pasaba al pie del Cerro Ñu Porá.
Ahí empezó verdaderamente el Tin Lizzie.
“El Ford T se maneja mirando el retrovisor”
Los caminos de tierra parecían hechos para estos autos.

Avanzaban lento, saltando sobre el ripio y dejando atrás el polvo (y humo). Pero manejar un Ford T no se parece en nada a conducir un auto moderno.
Uno de los participantes lo resumió perfectamente:
“Siempre decimos que en la ruta el Ford T se maneja mirando 20% para adelante y 80% por el retrovisor.” La frase generó risas, pero también describía exactamente lo que ocurría durante el recorrido.

Había que vigilar permanentemente al auto que venía detrás. Verificar si alguien necesitaba detenerse. Controlar temperatura, ruidos y humo. Y dejar espacio suficiente para que otros vehículos pudieran sobrepasar la caravana en el asfalto.
Porque el Tin Lizzie no era una competencia. Era una aventura compartida.
La primera gran prueba: las subidas
Después de reabastecer combustible en Río Ceballos, los Ford T comenzaron a enfrentar las largas subidas rumbo al Camino del Cuadrado.
Y ahí aparecieron los primeros síntomas clásicos de cualquier Ford T exigido en montaña.

Radiadores hirviendo.
Motores cansados.
Paradas improvisadas.
Uno de los participantes contó después:
“Ustedes iban adelante. En una subida paré porque hervía mal el agua del radiador. Cuando estaba quitando la tapa pensé que Guillermo había parado para auxiliarme. Resultó que a él también le hervía el agua.”
Ese momento terminó siendo uno de los más comentados del viaje, especialmente cuando el tapón del radiador salió despedido frente a todos.
El problema del burro de arranque
Otro de los protagonistas del fin de semana convivió durante gran parte del recorrido con un problema que no lo dejó tranquilo nunca.
El burro de arranque de su Ford T se había clavado apenas comenzada la travesía.
“Arrancó de manijazo y aproveché que me dieron paso para no detenerme y no renegar en hacerlo arrancar.”
El temor más grande era llegar al viejo Camino del Cuadrado y quedar detenido ahí. Pero lejos de abandonar, siguió adelante.
Y quizás una de las frases más sinceras del fin de semana fue justamente la que escribió después:
“Las ansias de aventura de un conductor de 72 años pero con un espíritu aventurero de un chico de 16 años que sale a probar un T en un rally pocas veces visto en videos de la web.”
Colanchanga y las motos Tehuelche
Antes de llegar al almuerzo, el grupo hizo una parada en Colanchanga para visitar un museo privado dedicado a las históricas motos Tehuelche.
La escena parecía perfecta. Ford T estacionados entre sierras cordobesas mientras los participantes recorrían una colección de motos argentinas históricas, compartiendo anécdotas y charlas técnicas.

En eventos así, la mecánica se convierte rápidamente en idioma común. Gracias Vladimir!
El viejo Camino del Cuadrado
Después del almuerzo llegó uno de los momentos más esperados del Tin Lizzie.

La caravana dejó el asfalto para ingresar al viejo Camino del Cuadrado, aquel camino de ripio abierto hace décadas por empleados del Hotel Edén junto a vecinos de la zona.

Ahí el paisaje cambió completamente.
Ripio suelto. Curvas cerradas. Bajadas pronunciadas. Los Ford T avanzaban lentamente mientras las carrocerías vibraban y las suspensiones intentaban sobrevivir al terreno.
Pero nadie parecía preocupado por la incomodidad. De hecho, varios coincidían en algo curioso: cuanto más difícil se ponía el camino, más disfrutaban la experiencia.
Abro paréntesis y es destacable la suspensión de un automóvil pensado en la época que no había caminos, ellos los crearon! La geometría de las suspensiones garantizan que las ruedas queden en contacto con el suelo, eso sumado a asientos con resortes y mucha espuma, crean un conjunto que no afecta a los pasajeros, mismo sentados atrás.
“Si lo disfrutaste, sos de los nuestros”
Al finalizar la jornada empezaron a aparecer mensajes y reflexiones entre los participantes. Y muchos resumían perfectamente el espíritu del Tin Lizzie. Uno de ellos escribió:
“En este viaje aparte de gozar aprendí muchas cosas de mecánica, aparte de perder el miedo a la conducción. Gracias a todos por la ayuda, enseñanza y lograr que mi familia se sienta cómoda.”
Otro agregaba:
“Como le escribí a algunos por privado, para mí este fin de semana será inolvidable. Gracias por el recibimiento y amistad.”

Y quizás una de las frases más representativas fue esta:
“Si lo disfrutaste es porque captaste el espíritu y sos de los nuestros.”
Sábado: Tatú Carreta y el Camino de los Artesanos
El sábado arrancó con salida hacia el parque Tatú Carreta.
Ver Ford T recorriendo caminos internos entre guanacos, liebres y otros animales fue una de esas imágenes imposibles que solo pueden darse en eventos así.

Después la caravana tomó el Camino de los Artesanos, también conocido como Camino del Pungo.
Ahí cada participante avanzó a su ritmo. Algunos se detenían a mirar regionales y artesanías. Otros simplemente aprovechaban para descansar un poco del esfuerzo físico que implica manejar un Ford T durante horas.

Porque sí: conducir uno de estos autos cansa de verdad. Hay frío. Hay ruido. Hay vibraciones constantes. Y cada maniobra requiere atención.
El recorrido continuó por La Cumbre y luego hacia el museo de motos antes del regreso final a La Falda.

Lo que realmente mueve a un Ford T
Quizás el texto más emotivo del fin de semana llegó desde Chile.

Uno de los participantes intentó explicar por qué alguien dejaría su casa, tomaría un avión y viajaría cientos de kilómetros para subirse a un Ford T incómodo, ruidoso e impredecible.
La conclusión fue simple:
“Hemos llegado a la conclusión que nada de esto supera la calidad de amigos y momentos gratos que encontramos en este tremendo grupo.”
Y probablemente ahí esté la verdadera explicación del Tin Lizzie.

Porque el Ford T obliga a vivir las cosas de otra manera: A bajar el ritmo, a depender de otros, a compartir problemas, a improvisar soluciones.
Uno de los participantes lo resumió perfectamente:
“La verdad que nosotros tampoco sabemos qué tendrá este querido Ford T, porque ya estamos esperando la próxima salida, para vivir nuevamente el frío, la incomodidad, la incertidumbre y la duda si llegaremos.”
Suena irracional. Pero después de escuchar las historias del Tin Lizzie, empieza a tener bastante sentido.

Gracias por haberme permitido vivirlo de adentro. Ver video reel en Instagram de TargaSport
Textos: Ing. Dario Bakus para TargaSport
Fotos: © TargaSport
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