El famoso Gran Premio Argentino Histórico 2026 organizado por el ACA Automóvil Club Argentino ya disputa si edición XXIII.
Durante varios días, los autos recorren miles de kilómetros por las rutas argentinas. No buscan solamente velocidad. La competencia es de regularidad, y detrás del volante hay que aprender a interpretar el camino, los tiempos y las referencias.

GPAH es más que una prueba deportiva
Cada año, el Automóvil Club Argentino vuelve a poner en movimiento una caravana de autos que forman parte de la historia del automovilismo.
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Máquinas que alguna vez fueron protagonistas de las rutas y de las competencias argentinas vuelven a encontrarse con el público. Y lo hacen en ciudades que, por unas horas, se transforman en parte de la carrera.

Para quienes crecieron viendo pasar autos de competición desde la banquina, el Gran Premio tiene además algo de viaje en el tiempo.
La propia historia de la competencia está relacionada con aquellas grandes carreras que, entre 1957 y 1959, atravesaban el país y reunían a algunas de las categorías más importantes del automovilismo argentino.

Amigos desde Uruguay
En 1960, el Gran Premio adquirió carácter internacional y continuó desarrollándose hasta convertirse en uno de los grandes acontecimientos del automovilismo histórico nacional.
XXIII Gran Premio Argentino Histórico
En 2026, el ACA puso en marcha la XXIII edición del Gran Premio Argentino Histórico, una competencia de regularidad que recorrerá las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Catamarca y San Juan.
El recorrido fue dividido en cinco etapas: Ciudad de Buenos Aires–Luján, Luján–Alta Gracia, Alta Gracia–Catamarca, Catamarca–San Juan y San Juan–Córdoba.

En total, la caravana tenía por delante 3.351 kilómetros.
La competencia también forma parte del campeonato CODASUR de regularidad histórica y mantiene uno de los rasgos que la acompañan desde hace años: su carácter solidario.
Durante el recorrido, los participantes colaboran con Cáritas Argentina mediante la entrega de alimentos no perecederos al finalizar cada etapa.
Por eso, hablar del Gran Premio solamente como una carrera sería quedarse corto.

Es una competencia, pero también es turismo, encuentro y memoria. Los autos atraviesan distintas regiones del país y, cuando llegan a cada localidad, dejan de ser solamente vehículos de competición. Se convierten en una atracción para los vecinos y en una excusa para acercarse a la historia del automovilismo.
El propio ACA lo define como un verdadero museo itinerante que recorre miles de kilómetros y combina el espíritu automotor con el turístico.
Y el sábado 19 de septiembre, ese museo itinerante llegó a Alta Gracia.
El GPHA tocó las sierras
Después de recorrer el trayecto entre Luján y la ciudad cordobesa, los autos comenzaron a aparecer durante la noche. El destino era la explanada del Museo de la Estancia Jesuítica, un lugar que nuevamente se convirtió en escenario para recibir a la caravana.

La llegada de noche tiene algo especial.
Los autos aparecen entre las luces, después de muchas horas de ruta. Primero se escucha el motor. Después aparecen los faros. Y finalmente, casi como si fueran saliendo de una fotografía antigua, llegan los autos que durante el día estuvieron recorriendo las rutas.
Para quienes estaban esperando en Alta Gracia, el espectáculo no terminó cuando el último auto se detuvo.

Durante un rato, la explanada se convirtió en un improvisado encuentro de aficionados. Pilotos, navegantes y acompañantes bajaron de los autos después de la etapa. Los vehículos quedaron allí, juntos, después de otra jornada de ruta.
Mención especial para Sobiesław Zasada, ampliamente conocido en el mundo del automovilismo como el «Polaco Volador», es una leyenda viviente del rally internacional. A sus 96 años de edad, ha vuelto a capturar la atención global al regresar activamente a las rutas para disputar el Gran Premio Argentino Histórico 2026.

Sobiesław Zasada en Alta Gracia
No hacía falta demasiado para entender qué tiene de particular este Gran Premio. Un auto clásico puede ser una pieza de colección. Puede estar guardado durante meses, impecable, bajo techo. Pero cuando vuelve a la ruta cambia completamente.
El Gran Premio Histórico consigue justamente eso: sacar esos autos y usarlos (y mucho), aquí los autos no están perfectos, son autos de regularidad, con campeonatos encima, así como tambien muchos de los binomios.
Domingo 20: otra vez en marcha
La estadía en Alta Gracia duró apenas una noche.

El domingo 20 de septiembre, desde temprano, la actividad volvió a comenzar. A las 9 de la mañana, los autos empezaron a dejar la ciudad para continuar rumbo a Catamarca, siguiente destino de la competencia.
La escena era muy diferente a la de la noche anterior.

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Ya no estaban llegando después de una larga etapa. Ahora había que volver a poner todo en marcha. Motores encendidos, tripulaciones preparadas, cronómetros y nuevamente la ruta por delante.
Y ahí aparece otra de las características que hacen diferente al Gran Premio. La llegada es solamente una parte de la historia.

Cada auto que vemos estacionado en una ciudad todavía tiene que volver a salir. Detrás quedan kilómetros recorridos, controles, referencias, tiempos y el trabajo de pilotos y navegantes. Delante, otra etapa y otro desafío.
Desde Alta Gracia, la caravana tomó nuevamente la ruta hacia Catamarca.

La ciudad quedó atrás y con ella una noche en la que los autos históricos volvieron a ser protagonistas.
Un museo que se mueve
Quizás una de las mejores maneras de entender el Gran Premio Argentino Histórico sea observar lo que sucede cuando llega a una ciudad.
No se trata solamente de una carrera que pasa.
Los autos llegan, se muestran, generan movimiento y vuelven a partir. En el medio aparecen las fotos, las conversaciones, los recuerdos y esa inevitable comparación entre los autos que alguna vez fueron habituales en nuestras calles y los que hoy solamente vemos en encuentros o colecciones.

El ACA destaca además el impacto que genera la competencia en las localidades del recorrido, tanto por la actividad turística como por el movimiento de participantes, equipos, prensa y organización.
En Alta Gracia ocurrió algo de eso. Durante unas horas, la ciudad fue una de las estaciones de un viaje que atraviesa buena parte de la Argentina. Una noche para recibirlos y una mañana para despedirlos.

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Textos: Ing. Dario Bakus para TargaSport
Fotos: © Nocturnas Javier Mira, de día TargaSport
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